miércoles, 25 de abril de 2012


A veces el cielo amanece gris, 
a mi me gusta esperarlo así, gris. 
Después se vuelve negro, 
se desnuda para la luna.

El amor se nos pega tarde o temprano. 
No hay vacuna ni medicina. 
Un día nos parte el corazón.

La esperanza envenena, 
se instala como raíz de ceiba, 
se quita el brassiere en la penumbra 
y nos dormimos con sus caricias.


Tenemos en el pecho 
un puño de promesas de ocote, 
se queman aún estando tan mojadas 
en nuestra sangre de pájaros sin nido.

Yo recuperé la libertad de mi camino, 
tú recuperaste tus papeles repletos de tinta. 
Yo recuperé mi destino incierto, 
tú recuperaste las cápsulas de tiempo 
que habías escondido.